Acabo de llegar de a Lima, a Perú. El viaje se ha venido
dando de forma pesada, son doce horas de salida del mundo y de guardarte en un
avión repleto de personas con destinos, pasados y recuerdos particulares, que
en la vida tu memoria a corto plazo podrá retener.
He charlado con una señora, María, muy gentil, que me ha
contado sobre Perú, Piura y Lima, hemos analizado las diferencias entre
Barcelona o Madrid y sus miles de formas de vida.
Al llegar a inmigración (momento temido) no ha sucedido
nada. El señor me ha preguntado que venía hacer al país y gustosamente le he
mostrado el documento de la
Universidad de Sevilla, con un tono amenazante, me ha dicho
que solo podía darme 183 días para estar en el país, que era lo máximo. A lo que
yo he accedido alegremente.
He sacado dinero del cajero y me he ahorrado el cambio,
aunque me han cobrado por sacar, vamos a dejarlo pasar ya reclamaré a caixanova
lo que me deban.
Me he dado prisa por tener el teléfono encendido, por si
llama mama, que no se asuste y que sepa que todo esta yendo bien. Respecto a
las maletas, un señor algo alocado en Madrid que me facturo las mismas, me dijo
que no tendría que recogerlas en Lima, pero mi gran señora María, me comentó
que por si acaso pasara por la cinta de maletas y me asegurara. Cuando pasé por
ella, efectivamente allí estaban las dos desoladas, dando vueltas sin nadie que
las recogiera. Por lo que busqué un carro y las tengo sentadas al lado mia.
Un amable señor que me ha preguntado si buscaba algo, me ha
explicado que he hecho bien en buscarlas y que debo embarcarlas con Taca, sin
ningún problema.
Preguntaréis ¿Sentimientos? ¿Emociones? Pues aún
tranquilidad, la gente ha sido amable, he pasado las últimas horas en España
con Ana y eso me ha dado mucha paz. Me he sentado en el suelo del aeropuerto,
para hacer lo que me gusta tanto hacer en estos sitios, mirar las caras de la
gente y preguntarme ¿Cuál será su historia?
Estoy contento de estar aquí y de que todo esté saliendo
bien. Estoy tranquilo y eso me llena de más tranquilidad aún. Tengo ganas de
llegar a Piura, ver donde viviré y como será todo aquello. En Lima, el día
amanece gris, no hace excesivo frío, pero tampoco he salido fuera, ni creo que
lo haga…No es nada cómodo cargar con el carro de las maletas.
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